Navidades en Holanda

El pasado 25 de diciembre salimos con la furgo desde Zaragoza, tras cenar con la familia en Nochebuena y emprendimos camino a Holanda en busca de los grandes bandos de gansos y patos marinos. Nuestra máxima ilusión era poder ver la Barnacla cuellirroja y hacer fotos al macho de Serreta chica.

Carlos Holanda

Al resguardo del viento en la puerta de un molino de Texel.

La primera imagen resume a la perfección lo que ha sido el viaje de campo: paisajes de polders que permiten ganarle tierra al mar con molinos de viento, zonas húmedas y bandos de gansos y cisnes por todos los lados.

Aunque lo que más nos gusta es estar en el campo, siempre nos apetece visitar alguna ciudad bonita. En esta ocasión vimos Utrech y Amsterdam, la capital. Estas cuatro imágenes corresponden a la primera de ellas, donde me entretuve haciendo movimientos a las abundantes personas que usan la bici como medio de transporte (¡qué bueno sería que en España también tuviéramos esta costumbre!) y a los primeros canales. Tenía mucha ilusión en hacer fotos a graffitis, pero no vimos demasiados.

En cuanto a aves, tuvimos suerte con nuestro objetivo y vimos una selección muy buena de gansos y patos marinos. Solo se nos escapó el Porrón Bastardo, aunque vimos dos machos a lo lejos y fotografié uno en una balsa vallada que había en un pueblo.

Limícolas no vimos muchas especies, pero los bandos de ostreros y zarapitos reales eran espectaculares. Además mamá nos descubrió en un carrizal un precioso avetoro y, al parar a verlo y fotografiarlo, salió otro volando.

Fue muy interesante observar cómo tiraban las gaviotas desde el aire los mejillones para abrirlos y cómo las fochas perseguían a los porrones moñudos para obligarles a soltar su pesca.

Vimos las tres especies de cisnes, pero al que mejor fotos hice fue a una pareja de Cisne común que, delante de un observatorio, hicieron el cortejo.

El Cisne chico me hizo mucha ilusión porque era la única especie europea de estas aves que todavía no tenía. Además fue interesante observar que siempre se mezclaban con los ánsares campestres. Probablemente vengan de las mismas zonas de cría en el Norte.

En cuanto a paseriformes en el norte de Europa no se ven muchos en invierno, pero había dos que me interesaban mucho para mi álbum de aves de España y afortunadamente los vimos juntos y me lo pasé muy bien persiguiéndolos, aunque fuera llevando el 200-400 a pulso con el 1.4 y fallando el autofoco, como en la foto de este escribano que tuve que enfocar manual.

Silueta de petirrojo al atardecer

Silueta de petirrojo al atardecer

En Holanda parecen aprovechar mucho la energía eólica, porque además de los tradicionales molinos la costa está llena de hileras de aerogeneradores.

 

De despedida estuvimos en la capital, Amsterdam, donde es muy agradable pasear por los canales, especialmente de noche. Recorrimos sus calles llenas de bicis, el mercado de flores y el museo Van Gogh, aunque allí no permitían hacer fotos a mis cuadros favoritos, como la Noche estrellada sobre el Ródano.

Primavera blanca en la taiga

Las últimas vacaciones de Semana Santa hemos repetido destino: un alojamiento con hides al que ya habíamos ido en el verano del 2013 llamado Wild Brown Bear, cerca de Kajaani, Finlandia.

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Con papá, disfrutando de la primavera finlandesa

En el viaje de julio nuestro objetivo era ver y fotografiar osos pardos junto al lago en el que están instalados los hides.  Los resultados de aquel primer viaje ya los publicamos en su día en la siguiente entrada. En esta ocasión nos apetecía mucho ver el paisaje de taiga con nieve, ¡y vaya que si había!

Además de disfrutar del paisaje y de la nieve, teníamos la ilusión de hacer mejores fotos que en verano del glotón. Se hizo de rogar, haciendo muchas horas de escondite y dejándose ver con muy poca luz, por lo que era muy difícil hacerle fotos, pero una de las tardes sí que se portó bien y, aunque un poco alejado de nuestro hide, posó un ratito con el sol del atardecer.

En los ratos de espera, cuando había algo de movimiento iba disparando a algún córvido que sobrevolaba el lago nevado o que se acercaba a picotear alguna carroña con las que intentan atraer al glotón.

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Picaraza volando mientras nieva

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Cuervos

Esa semana eran las fechas ideales para que empiecen a salir los osos de su largo invierno, y de hecho la última noche hubo algún vecino de escondite que lo vió a medianoche, pero nosotros nos tuvimos que conformar con las huellas frescas de la mañana.

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Rastro de pisadas del oso por la mañana

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Llegada a los escondites en los que se pasa el final de la tarde y la noche

En los hides se pasa parte de la tarde y la noche completa, saliendo a la hora del desayuno. Como yo dormía en las literas como un lirón, aún me quedaban ganas de seguir al acecho, así que aprovechaba algunas horas de las mañanas para intentar fotografiar aves en un escondite cercano a la vivienda. Aquí sí que me cundió bastante más.

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Fotografiando Pito negro en el escondite para aves

Fue muy interesante conocer a otro joven fotógrafo, un inglés llamado Kyle Moore que me reconoció por el premio que me dieron en Londres. Él se queda allí a esperar al oso, estamos deseando ver sus fotos. La próxima vez que vayamos elegiremos junio para disfrutar al máximo de la primavera y sus habitantes. Así que Ari, por favor, alimenta bien a los osos y glotones.

Recogiendo el premio en Londres

La semana pasada disfrutamos de unos días inolvidables en Londres para asistir a la ceremonia de entrega de premios del Wildlife Photographer of the Year, el prestigioso concurso organizado por la BBC y el Museo de Historia Natural de Londres. Este año era más especial todavía porque se celebraba el cincuenta aniversario de los premios.

Estas son algunas de las fotos que hicimos de la emocionante experiencia.

Después de recoger el premio de la categoría de menores de 10 años de mano del gran fotógrafo Frans Lanting, tuvimos que esperar un buen rato para saber quiénes eran elegidos como los ganadores absolutos en la categoría joven (menos de 18 años) y en la adulta. Para gran alegría mía y de mis padres, me dieron a mi el título de Young Wildlife Photographer of the Year. Impresionante porque además lo anunció David Attenborough. Así que tuve que subir otra vez al escenario, con el hambre que yo tenía, a recoger el premio de manos de la duquesa de Cambridge, Kate Middleton.

Recogiendo el premio a la categoría menores de 10 años

Recogiendo el premio a la categoría menores de 10 años

Saliendo por segunda vez al escenario:

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Con Michael Nichols, ganador absoluto de la categoría adulta

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Con Frans Lanting y Bence Mate

Al día siguiente tuvimos que madrugar un poco para asistir al encuentro con la prensa y pudimos disfrutar de la exposición de todas las fotos finalistas.

Como parte del premio a los jóvenes finalistas nos organizaron una serie de actividades en el Museo de Historia Natural, como este taller de fotografía usando dispositivos móviles por las zonas no abiertas al público del museo. Pudimos ver las salas de conservación de especies, los recipientes con las muestras de Darwin, el calamar gigante…

Aún tuvimos tiempo de escaparnos por la ciudad de Londres para ver los sitios más típicos.

Pero donde mejor me lo pasé fue en los preciosos parques de la ciudad, como Hyde Park y St. James Park. Para hacer más fotos de animales nos acercamos a un humedal muy bonito que está junto al río Támesis, el London Wetland Centre. Allí hice muchas fotos. Aquí pongo alguna de las que mejor me quedaron.

Mis amigas las ardillas:

Y un surtido de aves:

Me gustaría acabar esta entrada dando las gracias a la organización del concurso por lo bien que nos trataron en Londres y felicitando al resto de fotógrafos premiados, sobre todo a otros dos niños españoles: Marc Albiac, ganador de la categoría de 11-14 años, y Marc Montes, finalista en esta misma categoría. Entre los adultos también había muchos españoles, como Jordi Chías, con el que cené muy a gusto y que además era el autor de la portada del libro de este año.

Finlandia, verano en la taiga

El verano del 2013 viajamos mis padres y yo a Finlandia. Desde Helsinki alquilamos un coche y fuimos subiendo por el este, junto a la frontera con Rusia, hasta nuestro principal objetivo del viaje: el oso pardo.

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Parados en un camino para fotografiar paisajes y flores

 De camino íbamos haciendo paradas siempre que veíamos aves, paisajes interesantes o cualquier otro motivo que fotografiar.

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Paisaje de taiga haciendo técnica de zooming

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Uno de los Epilobium que bordean todas las carreteras

Una vez que llegamos al Wild Brown Bear, pasamos varias noches en distintos escondites para fotografiar osos pardos.

El oso aparecía siempre cuando ya quedaba poca luz, por lo que era difícil enfocarlo. Primero lo veíamos aparecer a lo lejos en busca de comida y luego a esperar a ver si había suerte y se acercaba al lago o a los escondites.

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Paisaje desde el hide cuando se acercaba la hora de aparecer el oso

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Neblina subiendo del lago

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Oso apareciendo a lo lejos, en la otra orilla del lago

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Oso sentado cerca de uno de los hides

Cuando el oso se acercaba más y en momentos de más luz pudimos disparar mejores fotos. La noche más emocionante fue la que apareció también el lobo, justo detrás del oso pardo. Luego se alejó y lo oímos aullar, poniéndonos los pelos de punta.